El valor de la virginidad

En 2017, una rumana de 18 años se hizo famosa a nivel mundial por subastar su virginidad por 2.3 millones de euros. Tras buscar otros casos, se encontraron varias plataformas que promocionan este “servicio”. Aquí le contamos qué significa mercadear con la primera experiencia sexual.


Algunas miran, otras desvían sus ojos de las cámaras. Están las que posan provocativas con ropa interior de encaje y las que esconden la sensualidad con una pose tímida. Existe un portafolio de 49 mujeres, entre los 18 y 30 años, que se exhiben en una plataforma de internet al mejor postor que quiera comprar su virginidad.



Ellas deben especificar peso, altura, edad, nacionalidad, color de ojos y cabello, tatuajes o piercings y si tienen senos naturales. Una carta de mujeres, que aún no han iniciado su vida sexual, se oferta en la página web Cinderella Escorts y en otras más. La venta de la virginidad por internet, que se presenta como una decisión de las mujeres, es un fenómeno que está a un clic de ser transado.


Esta práctica de mercadear la la primera experiencia sexual no es algo que irrumpe con las posibilidades que tiene internet ahora. Desde las comunidades antiguas, la noción de ser virgen ha estado envuelta por un valor sustentado en la pureza y en la cualidad impoluta de la mujer.


“La virginidad era casi como la única riqueza que podían aportar las niñas”, explica Claudia Avendaño, historiadora de la Universidad Nacional.


Y, al parecer, gracias a las herramientas que ofrece lo digital, la virginidad es valorada por estas jóvenes como un medio para ganar dinero que les permita pagar sus estudios, las deudas de sus padres o viajes, según los testimonios que exponen en Cinderella Escorts.


"En lugar de darle mi virginidad a un futuro amigo con la posibilidad de que me abandonara, preferí vender mi virginidad". "Mi mayor sueño es vivir en Corea del Sur y continuar mis estudios en Seúl”. "Quiero comprar una casa y un carro. Creo que el dinero te da la opción de tomar decisiones en la vida",

algunos de los testimonios de las mujeres que ofertan su primera experiencia sexual.


En 2017, la página llegó a los titulares de los medios de comunicación por la venta de la virginidad de una rumana de 18 años. La primera experiencia sexual de Alexandra Khefren se subastó por 2.3 millones de euros a un empresario de Hong Kong. La joven manifestó que con esas ganancias les daría una mejor vida a sus padres y se costearía una carrera en la Universidad de Oxford.


El valor de la virginidad


La virginidad es una idea que se construyó desde una mirada varonil, según Avendaño. Para los hombres era la última prueba de iniciación antes de ser considerados adultos, mientras que, a las mujeres, se le comenzó a dar normas para frenar las repercusiones que traían las prácticas incestuosas y endogámicas que se presentaban. La primera referencia sexual que deberían tener las niñas es con la persona que su familia haya sellado un contrato de matrimonio, en el que el principal valor de transacción era la virginidad de la novia.


Desde ahí la connotación de pureza caló las significaciones de la virginidad femenina, que para conservarla se implementaron diversas prácticas que aseguraban que la mujer llegaría impoluta al contrato de matrimonio que su familia hacía con el hombre.


“Después de establecer el contrato matrimonial se tenía que asegurar la virginidad de las niñas. Muchos pueblos acudieron a la circuncisión femenina, la ablación de clítoris y otros laceraban los labios menores y mayores para después coserlos, esto generaba un proceso de cicatrización que dejaba solamente un orificio para la uretra (para que pudieran orinar) y otro para que pudiera salir la menstruación. La idea era que cuando iban a tener su primera noche con el que sería su marido, a él se le entregaba un virginal, que era un pequeño cuchillo con el que se abría esa cicatriz para poder tener relaciones sexuales con ellas”, narra Avendaño.


Además del valor de pureza, explica la historiadora, algunas comunidades de África, Asia y América, tenían la creencia de que las mujeres vírgenes aliviaban ciertas enfermedades como la sífilis, el sida o los problemas de eyaculación precoz e impotencia sexual. Ese pensamiento aún persiste en ciertos países como Japón, en donde el rapto de niñas vírgenes para su comercio es una problemática que aqueja a sus gobernantes.


La revolución sexual femenina


La década de los sesenta llegó con un cambio de mentalidad que desmanteló las estructuras de un sistema que determinaba cómo debía funcionar la sociedad.


Las mujeres liberaron sus deseos represados a lo largo de la historia. Entre ellos su sexualidad.


“En esa época, la virginidad no es algo tan importante, no es un valor para las mujeres ni para los hombres. Cuando se quita ese valor de comercio (intercambiar la castidad por algo) empiezan a aparecer los valores imaginarios y ese valor imaginario vuelve a ser el concepto de pureza”, explica Avendaño.


De acuerdo con la historiadora, los imaginarios que surgieron fueron -y son- debatidos por grupos feministas. Aquellas que lideran un activismo a ultranza sostienen que las mujeres como dueñas de sí y sus cuerpos pueden disponer de él como quieran. Mientras que las más moderadas creen que la virginidad aún se vende “porque todavía existe una visión totalmente sexualizada del cuerpo”.


“No creo que la libertad femenina, en cuanto a la sexualidad, sea simplemente acostarse con el que quiera. Creo que una mujer tiene el poder de decidir qué hacer con su vida y con sus órganos genitales. Pero más allá de un acto desmedido, sin pensar en las consecuencias de vender una virginidad, la mujer debería partir más de un conocimiento real de lo que quiere hacer con su sexualidad”, opina la sexóloga Ana Sofía Giraldo.


La venta de la virginidad


El imaginario atribuido a la virginidad por Cinderella Escort, la página que promociona su venta, tiene un valor distinto y es el de la exclusividad.


“A muchos hombres ricos les gustan las cosas exclusivas y ¿qué hace que uno piense en exclusividad? Que no todos puedan tenerlo. Las mujeres solo pueden dar su virginidad una vez en la vida”, dijo Jan Zakobielskia, el hombre detrás de la página, en una entrevista a Forbes.


Hablar de pureza o exclusividad es atribuir un valor a un concepto que no debería existir. “La virginidad es algo que está mandado a recoger. Es un asunto

mucho más cultural y mucho más simbólico que en el orden de lo real”, manifiesta Ángela Chaverra, profesora e investigadora de la Universidad de Antioquia.


“Además, es un absurdo hablar de virginidad porque no está exactamente definido qué es perderla. Usualmente eso se reduce a romper el himen, pero el himen se puede romper montando bicicleta. Eso de entrada es una ilusión”, complementa Catalina Ruiz Navarro, feminista y maestra en Filosofía.


Esa ilusión de la que habla Ruiz también se alimenta de las posibilidades quirúrgicas que existen. Centros médicos ofrecen el servicio de la himenoplastia, o sea, la reconstrucción del himen, la parte del cuerpo que le da existencia a ese concepto.


Cinderella Escort garantiza que todas las mujeres que agencian tienen certificado de virginidad. Lo hacen por medio de partes médicos de profesionales certificados por ellos, sin embargo, sus clientes tienen la opción de constatar que sí es así con un doctor de confianza.


Esos hombres que están dispuestos a pagar altas sumas de dinero, por algo que no debería ser trascendental, demuestra que los imaginarios antiguos persisten y que la virginidad en las mujeres continúa siendo algo muy valioso, tanto para ellas como ellos.


“Una sociedad que compra la virginidad de las niñas y mujeres se tiene que replantear sobre sus esquemas políticos, éticos y de valoración frente al cuerpo del otro. Los hombres, con su poder de dignificar al otro, por qué tendría que comprar la virginidad de alguien”, cuestiona Chaverra.


¿Una forma de prostitución?


La Real Academia Española define a la prostituta como la persona que mantiene relaciones sexuales por dinero. “No dice si una, dos o tres veces. Entonces, si una joven vende su virginidad y una mujer comercia constantemente con su cuerpo y no hace discriminación a quien le pague su tarifa, ¿son prostitutas las dos?”, se pregunta la historiadora Claudia Avendaño.


“Vender la virginidad es como una especie de falsa información publicitaria. Es como cuando te venden cremas que tienen microesferas activas limpiadoras, porque la virginidad realmente no existe, es un concepto cultural que no tiene mucha realidad experiencial ni física. Si una mujer decide hacer esto y es mayor de edad eso se llama trabajo sexual”, asevera Catalina Ruiz Navarro.


El debate alrededor de los casos de jóvenes que han puesto en subasta su virginidad se centra únicamente en ellas. La situación es todo un universo en el que el cliente que compra también es sujeto imprescindible para entender por qué estas prácticas se dan y por qué se les atribuye una propuesta de valor diferente a la de pagar por sexo


Poco se habla sobre quiénes son los personajes que pagan por esto. En Cinderella Escorts se refieren a ellos a través de sus profesiones. Empresario de Hong Kong, actor de Hollywood, jugador de fútbol de Londres.


Las mujeres son las que cargan con los juicios de valor que se formulan en redes sociales y medios de comunicación. Su decisión personal de tomar ventaja económica de algo que la sociedad atribuye como lo más preciado que pueden tener, su virginidad, las encasilla en un trabajo que, tal vez, nunca lo contemplaron como posible.

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Creado por David E. Cepeda @DavidECepeda