Mentiras hubo siempre, lo nuevo en democracia es la “indiferencia general ante la verdad”



A propósito del uso y abuso de las redes sociales para divulgar falsas noticias, compartimos con los seguidores de www.elespaciodelagente.com la siguiente entrevista, en la que la filósofa Myriam Revault D Allonnes explica por qué la posverdad y las noticias falsas derivan en una democracia precaria y decepcionante.



George Bush, presidente de los EE.UU. en 2003, con el secretario de Estado Colin Powell y el ministro de defensa Donald Rumsfeld. Decir que Irak tenía armas de destrucción masiva fue "una mentira de Estado", sostiene la filósofa Myriam Ravault.


Hector Pavon


Myriam Revault D'Allonnes es especialista en filosofía ética y política. 


Antes de partir, en su casa en un barrio parisino alejado de los paisajes de tarjeta postal para hablar de verdades y democracias en estado precario.


–¿Qué pasó para que hoy la verdad sea un tema de debate y se la cuestione?


–La verdad fue siempre un tema de debate para la filosofía pero nunca fue puesta en cuestión. Incluso Jacques Derrida o Friedrich Nietzsche cuestionaron la idea de una verdad absoluta, la relación entre la verdad y la realidad o Michel Foucault, que habló de los regímenes de verdad. No creo para nada que la cuestión de la posverdad se deba a las filosofías de la deconstrucción o la puesta en cuestión de las relaciones entre la verdad y la política o la verdad y el poder. Como ocurrió después del Brexit, la elección de Trump y la de Bolsonaro. Lo que hay de nuevo es algo parecido a la indiferencia en relación a la verdad, como si ya no tuviera importancia. La verdad siempre se consideró como algo esencial, fundamental.


–En 2006, el diccionario Oxford presentó la posverdad como la palabra del año...


–Después del Brexit, los usos del término explotaron, hubo un aumento de 2000% en el vocabulario corriente, en los diarios, en las editoriales. En realidad, el hecho de que esta imposibilidad de establecer una diferencia entre lo verdadero y lo falso es algo que pide ser interrogado sobre distintos puntos.

Primero, cuál es la diferencia con la mentira tradicional, ¿es lo mismo? ¿por qué surgió en el dominio político y en las democracias, qué diferencia hay entre esta posverdad y las mentiras de los sistemas totalitarios, si se trata de un fenómeno realmente nuevo (yo creo que sí) y cuáles son los problemas

que presenta, no solo para el sistema político, si no también para el mundo común.


–Brexit, Trump, Bolsonaro, ¿qué fenómenos similares ocurrieron en Francia?


–En Francia tenemos a Marine Le Pen… Hay un problema, que es que la mentira en la política siempre existió. Hablé de Bolsonaro, de Trump y del Brexit porque son campañas políticas que fueron llevadas por personas que llegaron al poder sin mentir simplemente, sino desarrollando toda su campaña sobre el hecho de que no tenía ninguna importancia si algo era verdad o no. Lo que no es exactamente lo mismo que mentir. El que miente, de cierta forma, sabe que miente.

El mentiroso no hace desaparecer la verdad como referencia. La consejera de Trump pudo hablar de realidad alternativa. Marine Le Pen difunde contra-verdades sobre el tratado d’Aix-la-Chapelle y dice que Francia va a vender su territorio a Alemania. Son mentiras deliberadas.


–¿Qué papel tienen las nuevas tecnologías, las redes sociales?


–Es un factor que hace más fácil la difusión de la información falsa, a diferencia de la prensa tradicional, donde los periodistas generalmente verifican sus fuentes y se preocupan por los hechos. Las redes difunden de modo horizontal, sin verificación de las fuentes, se hace por algoritmos. Se multiplica una masa enorme de información a disposición de los consumidores, que no tiene filtro. Sabemos muy bien que en esos casos los que reciben la información no tienen la posibilidad de ejercer un juicio crítico, porque le dan prioridad a lo que corresponde a sus prejuicios y a sus ideas preestablecidas. Es un tipo de difusión de información que, en vez de favorecer el espíritu crítico, la discriminación de lo verdadero y lo falso, reconforta los individuos en sus creencias previas. Efectivamente, la posverdad es facilitada por esta difusión por las redes. Hay que hacer una distinción entre el desarrollo de la posverdad en un sistema democrático y la mentira generalizada de un sistema totalitario. En el sistema totalitario, tenemos una ideología masiva, extremadamente fuerte, que recubre la realidad de una suerte de manto, una armadura lógica. Es lo que Hannah Arendt analizó muy bien sobre las ideologías totalitarias, un tipo de razonamiento que no necesita de la realidad para desarrollarse porque es perfectamente lógico. Es tan lógico que los hechos no lo pueden contradecir.


–¿Cómo reacciona el sistema democrático ante el cuestionamiento de la verdad?


–En la democracia, prima la pluralidad de opiniones pero la exigencia fundamental es que este debate es legítimo solo si se apoya sobre hechos. La legitimidad de este debate de ideas supone que se está discutiendo sobre hechos reales. El peligro es la transformación de esta pluralidad apoyada sobre hechos en un relativismo de opiniones: yo pienso que, yo digo que, yo prefiero que....


–Una falsa democracia.


–Sí, exactamente. No es un desarrollo de la cultura democrática... sé que algunos ensayistas franceses dijeron que las redes son un desarrollo de la democracia, porque cualquiera puede expresarse y el saber no está más concentrado en el poder, pero es un absurdo.


–La multiplicación de noticias falsas, las “infaux” en francés, afecta al sistema democrático. Todos recordamos cuando George Bush junto con Colin Powell hablaban de las armas químicas de Irak, luego los apoyó Tony Blair y atacaron. Y era mentira.


–En la ONU, los estadounidenses declararon que Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva: una mentira de Estado. Siempre hubo mentiras, vivir en democracia no es vivir en la verdad. El problema es que esta mentira fue desmentida por los hechos. Sabemos ahora que fue una mentira. La mentira no elimina la diferencia entre lo verdadero y lo falso. Lo que creo es que ahora la multiplicación de las opiniones, de los discursos, que consideran que no importa que sea verdadero o falso, introducen algo nuevo, que no es la mentira política tradicional y ahí surge un régimen general de indiferencia a la verdad.

En Watergate, los Panamá Papers y Paradise Papers, la prensa de investigación pudo trabajar como un contrapoder para hacer estallar estos escándalos. La democracia no es para nada el reino de la perfección moral, pero le da los medios el poder de restablecer la verdad.


–¿Cómo se combate la posverdad?


–Muestra una crisis muy profunda de la democracia, la situación es extremadamente grave porque la posverdad es uno de los elementos fundamentales del deterioro de la democracia e incluso del daño al mundo común compartido. Hay que recuperar las condiciones del debate democrático, del juicio, del espíritu crítico.

La posverdad va junto con una crisis muy profunda de la democracia, del debate democrático, de la pluralidad. No tenemos más las condiciones para un verdadero conflicto, que pone cara a cara argumentos que no están desconectadas de lo real, de los hechos. Es algo muy complicado de resolver porque es muy a largo plazo, que requiere también educación. Creo que la educación para la democracia está fallando.


Participación en La Noche de la Filosofía


Myriam Revault es filósofa y profesora emérita de las universidades de la École Practique des Hautes Études. Ha dirigido desde el año 2006 hasta el año 2013 la colección de filosofía para chicos “Chouette! Penser” en la editorial Gallimard. Es especialista en filosofía ética y política, sus investigaciones se centran sobre el terror de la Revolución francesa, el “daño de la política” y el “carácter intratable” de las pasiones como base del vínculo social.


Tomado de: Revista de cultura Ñ


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Creado por David E. Cepeda @DavidECepeda